Carnaval Roses
Aunque la prueba documental más antigua que se conoce del Carnaval de Roses es del año 1780 - cuando el entonces alcalde de la población, Miguel Ferrer, se quejaba del intento de prohibición de la fiesta por parte del gobernador militar de Castillo de la Trinidad -, se cree que esta fiesta de origen pagano tiene más de 5000 años de antiguedad.
Su celebración, considerada por muchos rosenses como la fiesta mayor de invierno, permite que los habitantes del pueblo, y aquella otra mucha gente que lo visita, puedan evadirse durante cuatro intensos días de su monotonia diaria, y de sus preocupaciones y responsabilidades más urgentes y agobiantes.
La algazara, la alegria colectiva y el desenfreno del Carnaval - asociadas universalmente al paréntesis temporal de libertat crítico con el orden y la uniformidad que nos rodea el resto del año, representan, en Roses, la excusa perfecta para explorar la comunicación y la relación entre los vecions, y entre éstos y la gente que nos visita. Todos juntos, tanto los que se disfrazan individualmente como los que lo hacen en uno de los conjuntos integrados por la comparsas más pequeñas o multitudinarias, hallan allí la permisividad social que les permite expresar en voz alta y clara lo que piensan - tal como se hace a través del famoso Testament -, así como representar, irónica y críticamente, los diferentes aspectos de la vida pública del pueblo y/o del mundo que nos ha tocado vivir.